
Hace mucho tiempo, en una de las hojas de ese misterioso libro, un guerrero escribio su recuerdo mas preciado. Cuando el día todo lo poseia, cuando el sol siempre todo veia, un guerrero surgio en un pueblo diferente, la gente a la que el guerrero defendia, fue victima del engaño de los hombres, quienes buscando comandar esas tierras, convencieron a los muchos de seguir la voluntad de los pocos, engañados fueron enseñados a que sólo el brillo del cielo en una espada sería capaz de liberarlos del yugo al que fueron seducidos. Sus trabajos eran vanos y el guerrero, dolido por el escenario emprendió la cruzada con un sólo proposito, atrapar con su espada el poder del cielo... recorrio los bosques buscando el cielo, abandonó a las árboles que le impedian ver a su adversario, cruzó rios y mares para en el horizonte alcanzar destino, pero así no lo logró. Valiente como inició hubo de reconocer el poco avance en su justa y apresado por el místico sentir del abandono se recostó en las arenas frescas de una playa. Viendo al cielo fijamente, la sombra de un monto suavemente, mientras le cobijaba le susurró, sólo yo, con la eternidad como poder he logrado opacar al cielo ante los ojos de los valientes, sólo yo, en mi inmortalidad me he levantado cubriendo a la tierra de tu destino. El guerrero, sintió un nuevo brio, y presuroso perfilo su acero y sus pasos a la montaña. Ahi, en las faldas, con rapidez comenzó su ascenso con la sola intención de alcanzar su pretensión, al llegar a esas cumbres, con el sol inmenso en el mediodia, comenzó agitando su espada, con tanta furia como fuerte era el recuerdo de su gente oprimida. El sol, curioso como todo lo eterno, se le fue acercando, más y más a ese horizonte, el sol abandonando su cenit, llegaba a su ocaso, y por vez primera fue una espada que se mantuvo en agitandose en el viento, guiada por la mano de su valiente, la cosa terrenal que al sol pudo tocar. La curiosidad del sol y la perseverancia del guerrero lograron apartar al sol de su sitial, tocado, aunque muy leve por la espada el sol, asustado se apartó y dio cabida a la noche que todo oscureció. Cansado el guerrero por la lucha invisible que vivió no dudó en regresar, su espada viva, candente y luminosa le señalaba los dificiles pasajes que en la montaña debio descender. Al llegar al pueblo, con su acero señalaba a los hombres que con engaños a su pueblo subyugaron, cada vez que el acero blandía un rayo y su potente trueno bajaba desde el cielo para representar a aquel, en cuya espada el sol habia estado. Episodio único y primitivo era, paisajes nunca vistos por la gente del guerrero y atemorizantes para aquellos hombres guiaron a la victoria a nuestro heroe, y desde entonces, en las noches de tormentas, cuando la lluvia atemoriza con subyugar a la gente que aun ve al cielo, son los rayos y sus potentes truenos el testimonio del valor de aquel guerrero...

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