
Existió hace mucho tiempo una princesa, custodiada por mil diamantes en un palacio de luz, cuidada por el reino del cielo, de la tierra y del mar, la princesa fue invadida por la tristeza. Para remediarlo, el rey del mar le envio envuelto en perlas un escriba, quien debía propcurar que su sonrisa volviera a iluminar la luz de palacio. Cuando el escriba la conoció con tierno acento le prometió: "Mi regalo el día de hoy será que desde ahora y hasta el momento en que tu sueño les lleve a un mejor lugar, que un cuento siempre tendras, y sentiras los primeros pétalos de recuerdo, que por ser primeros siempre tendran algunas espinas que duelan, pero llegan conforme mas aspiren su aroma, a los recuerdos hermosamente perfumados." Cuando el escriba acabó en el infinito azul, los ojos de la princesa brillaban, y el mundo se enteró que no todo terminó, antes quiza algo comenzó.
Cuenta la historia que si uno siente el más suave de los silencios, aun es posible escuchar en el viento la promesa del escriba cuya pluma danza y las letras cantan un cuento cada día. Son historias de silencio, de sonido y de melodía.
Aun se escuchan en el viento, aun la tinta recorre las venas del paisaje con la promesa del escriba a la princesa.

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