
Te contare mi historia, plagada de fantasía como de agonía, porque en el soñar o en el dibujar los sueños, o en el comprender y animarse a ver el dibujo después de soñar hay dolor, infinito dolor, quien es capaz de ver el resultado de sus sueños de felicidad es tan desdichado e infeliz como aquel que nunca encontró una princesa.
Hace años, en el cielo vi una pálida estrella que en su palidez brillaba mas que las otras, ahí, con voz infantil y quizá con otras palabras solo desee: Deseo que te conviertas en corazón, y que bajes a la tierra y me quieras pero que nunca dejes de brillar para así poder encontrarte...
No se aun si la encontré o si ella me encontró, es más a veces dudo si la conocí, pero se que esto aconteció:
Hubo una vez una noble y hermosa princesa, mas valiente por bella que por su realeza, su destino de fantasía su sutileza de creencia... un día se enamoro de un gigante negro, una sombra, mas su romance permitido solo mientras el sol les iluminaba, su romance era solo realizado a la luz, la luz donde lo helado continua mas nunca lo alejado. En la noches, porque la vida es noche, y la noche agonía en obscuridad, ignorancia en consuelo, en la noche donde los sueños se ven como estrellas y los ojos cantan con la dulzura de su inconsciente, en la noche su caballero moría, la sombra desaparecía, pero ella nunca lo sabia...en su noche, porque criada como princesa era propiedad lo que ella misma se apropiara. En su noche, su caballero tenia su sueño para abrazarla, los sabios, que eran solo tan sabios como la misma princesa les permitiera ser, temían en las noches por la salud del caballero, ¿cómo saber donde esta?, ¿Cómo saber su pensar si no se ve? La princesa siempre le veía, en las noches mas, era cuando el caballero la amaba, le acariciaba y sus manos sombras la cubrían su ardor los refería y mientras mas anochecía mas adentro estaba, mas le cubría y mas ella le veía, porque en su noche no veía lo que en su día cubría a su amado, en la noche todo era su amado...Ella comprendía que en el día su amado estaba capturado en una prisión mas humana, así, como en el día hay luz y la luz es conocer, eso le aprisionaba a ser hombre, a ser silueta a ser suelo y estar bajo la fantasía de la realeza, en su noche, su esperada y añorada noche, cuando lo mismo es ver que cegar, cuando lo mismo es oír que hablar, cuando no hay diferencia entre caminar y volar, cuando con cerrar basta para abrir, su amor volaba y sus sueños despegaban y él ya no atado al sueño ahora flotaba tan lejos como la princesa lo imaginara tan alto como ella lo deseara y tan rápido como ella lo anhelara... En la noche donde los sabios nada son, los sabios hechos de libros y a la luz, los sabios hechos del leer con luz los sabios firmes que ven su caminar, en la noche, en esta noche de amor, nada son.