Un dia la princesa quizo un regalo, diferente, único, solitario, como deben ser todos los regalos, solicitó a su corte que buscaran entre los valles, desde un mar y hasta el otro, a sus guerreros que son siempre los que llegan lejos, los envio a las cumbres más altas, a sus artistas quienes ven siempre el cielo aunque son ciegos, les ordenó viajar por todos los rumbos buscando entre las nubes... Pasaron los días, las noches y el tiempo, todos volvían con presentes que a la princesa no interesaban, sin embargo, uno de ellos, el menor y valiente guerrero mientras buscaba cantaba, y era su canto que fusionado con el viento, regó la senda que cruzó, y ahi, de esa senda nació el recuerdo de cada acción. La princesa conoció que el regalo más grande es el que permanece lejos de uno, porque con ello fue ella quien era diferente, única y solitaria a esa senda. Aun puede ver la princesa desde su castillo de luz, de marmol y pasión, esa senda donde germinan los recuerdos que son hijos tanto de la alegría como del viento que corre. El tiempo jamas detiene al viento, porque son los aires quienes lo llevan lo cargan, el guerrero aun canta, la princesa aun ve su regalo, la senda aun nace de la música y del viento...

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