viernes, 20 de agosto de 2010

Contar historias no es siempre sencillo, se quejaba amargamente el historiador de la princesa, con cada palabra que sale de mi, me siento más seco que como lo estaba en el silencio. Cada historia que te cuento princesa, requiere que me pierda un poco y me abandone un mucho.
¿Porqué lo haces? le susurró la princesa mientras sus ojos reflejaban, como sólo en las princesas ocurre, la oscuridad de la noche.

Ah mi princesa, me preguntas algo dificil, creo que la respuesta no está en mí, está en mis historias...

Ocurrió una vez, hace mucho tiempo, en un valle custodiado por sendas montañas, un nacimiento diferente, una flor que no era roja, como aquellas producto del dolor de la sangre, ni blanca como aquellas producto de la inocencia de la ternura, tampoco era mixta, como la sangre que dejamos pero pronto olvidamos, era una flor negra, diferente al resto, única, solitaria.
Esa flor pretendía con todo su esfuerzo aclararse para ser menos diferente, y día tras día le contaba al sol sus plegarias: "Quiero abandonar mi color, soltarlo aunque sea un poco, así seré más roja, más rosa o más blanca"... El sol, cálido como es, más retraido como quiere ser, veia a la rosa y con sus rayos la ennegrecía más y mayor era su diferencia...

Así yo mi princesa, diferente de todos he nacido, con más espiritu que muchos y cada día te dejo partes de él en mis historias, pero tú, con tus ánimos y tus ojos, lejos de vaciarme me inspiras más, mucho más...

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